No somos juncos

No somos juncos

‘Estudio de juncos en Argenteuil’, Claude Monet

A estas alturas, no hay ninguna canción que le pueda discutir a ‘Resistiré’ su posición hegemónica, casi de himno, en estos tiempos de pandemia. Reconozco que no le había prestado demasiada atención hasta que, por curiosidad musical (¿se puede considerar un cover de ‘I will survive’ o no?), la escuché en bucle unas cuantas veces. (La respuesta a la pregunta: no exactamente. La melodía es mucho más similar que la armonía, pues los acordes no van descendiendo por el círculo de quintas.)

Pero el problema de esta canción no es en absoluto la música. Es la letra o, dicho con más precisión, la adecuación de la letra a este contexto histórico. “Resistiré, erguido frente a todo”, se canta desde ventanas y balcones. “Soportaré los golpes y jamás me rendiré”. Unas palabras que, por desgracia, ya no pueden cantar las casi quince mil personas fallecidas hasta el momento (8/4/20) por la COVID-19 en España, ochenta y siete mil en el mundo. Según esta narrativa, se habrían rendido. Una narrativa ya cerrilmente generalizada para otras enfermedades, en especial con el cáncer. Se pierde la batalla. ¿Acaso no se ha luchado lo suficiente? Es un discurso extremadamente perverso. Reducir las enfermedades a una cuestión de voluntad. Responsabilizar a la persona enferma de que no ha puesto suficiente empeño por salir adelante.

Porque no importa cuánto queramos o no resistir, cuando la vida es la otra cara de la muerte. Quien se rompe, quien se muere, no es más débil, no ha perdido ninguna guerra. Vive, y por eso algún día tiene que morirse, y por eso nos moriremos todos. La mentalidad bélica, su metáfora — extendida también a nivel social en esta crisis, y que se analiza muy bien aquí — es, al fin y al cabo, de quien nos quiere piezas del tablero. Pero esto no es Risk. Ni somos fichas de plástico, ni los virus, enfermedades y amenazas son nuestro enemigo. Frente a visiones reduccionistas y maniqueas, donde al coronavirus le toca desempeñar estos días el papel del malo, hace falta tener presente la biosfera, saberla frágil al igual que todos nosotros. Y no olvidar que, a diferencia de otros seres vivos, los humanos contribuimos a destrozar este milagro del que formamos parte.

Resistiré: tal vez. Pero la resistencia está en lo que elegimos hacer, con nuestros límites, con nuestro tiempo ignoto y limitado. No somos juncos. Somos, al igual que el junco, una especie más aquí en la Tierra, que hace — debería hacer — lo que esté en su mano por ella misma y por los seres a su alrededor. Poco más. Y, sin embargo, cuánto nos cuesta resistir de esta forma.

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